De ti abatido, de nacarado romo,
rudo en contacto da fin a mío aplomo,
cardenal quedo, de lo alto refutado,
dolida rosa, en mí el tallo incrustado,
que al paso abrirse, violara frágil dique,
manando rojo, que cae en cruel repique.
Y así por piso mi cuerpo y tu mirada,